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Las paradojas del tripartito

Cuando Carod Rovira sacó al independentismo del armario, en la campaña electoral que culminaría con la elección de Maragall como presidente, pocos se imaginaban que siete años y dos legislaturas de tripartito después la independencia se habría consolidado plenamente como opción política y como objetivo asumido por una parte significativa de la población. Es quizá la principal paradoja que ofrece el balance del tripartito. Dado que la independencia es su bandera, Esquerra es la única formación del tripartito que ha cosechado un éxito estratégico. Su proyecto ha invadido el escenario político. La independencia ha dejado de estar en el terreno de lo utópico para incorporarse a la lista de las opciones realmente posibles. Y ha obligado a los demás partidos, y en especial a CiU, a hacer ejercicios de reubicación política en función de la consolidación del independentismo.

Sin embargo, el éxito puede tener un coste electoral serio para Esquerra Republicana. Por dos razones: porque la pérdida del monopolio del independentismo es condición sine qua non del éxito de la propuesta. Y porque Esquerra fracasó en su segunda opción estratégica: reemplazar a CiU en el papel de primera fuerza del nacionalismo ideológico catalán. CiU ha pasado su travesía del desierto con una resistencia admirable. Y aunque personalmente creo que al final la caída de Esquerra no será tan grande como algunos vaticinan, hay datos para pensar que CiU puede capitalizar las contradicciones de Esquerra. Precisamente porque la independencia ha dejado de ser quimérica, el sector nacionalista del electorado de Esquerra Republicana reniega del tripartito para buscar el abrazo con el nacionalismo conservador. Quizá se les escape que, como decía mi maestro Manuel Ibáñez Escofet, si alguien hará la independencia de Cataluña serán los catalanes con z. La derecha, aun siendo nacionalista, es siempre muy renuente a todo lo que represente un cambio del statu quo. Y la independencia lo es.

No ha tenido el PSC el éxito estratégico de Esquerra. Eso sí, ha acumulado poder, mucho poder. Se supone que el objetivo de los socialistas era consolidar una mayoría estable de izquierdas, en la que el PSC se hiciera paulatinamente más fuerte, por los dividendos derivados del cargo de presidente de la Generalitat y por la seriedad de su gestión, y los otros dos partidos tuvieran cada vez un papel más secundario. Una estrategia que se complementaba con el objetivo de conseguir una reforma federal del Estado, a partir del Estatuto. Que la estrategia ha fallado lo demuestra que el propio PSC evita plantear una tercera edición del tripartito. En cuanto al federalismo, no encuentra interlocutores dispuestos en España y es desbordado por el soberanismo en Cataluña. La opción de campaña de los socialistas parece limitarse ahora a la imagen de un partido centrado, de gobierno, sin atributos ideológicos precisos, que hace de la discreción y de la administración de los silencios, viva prolongación de su presidente, la principal virtud. Pese a presidir la suprema institución catalana, el PSC no ha conseguido penetrar en los caladeros del voto nacionalista. El PSC, en general, y Montilla, en particular, sufren la inmutabilidad de los clichés: sus gestos de defensa del Estatuto y de la “dignidad de Cataluña”, que tanto molestan en Madrid, parecen impostados para el votante nacionalista, que permanece insensible a sus señales. Su oportunidad de crecer está en que el electorado más reticente al catalanismo tampoco se crea las proclamas catalanistas del presidente y, en un momento de ruido soberanista, algunos abstencionistas tradicionales en las autonómicas salgan de la madriguera para evitar riesgos mayores.

La paradoja del tripartito se escribe así: debía consolidar una mayoría de izquierdas, que en estos momentos parece en precario, hasta tal punto que el propio PSC se desmarca de ella, y en cambio ha sacado al independentismo de la marginalidad. Esquerra ha ganado la apuesta estratégica y, sin embargo, puede perder la del poder.

Fuente: El país


No es cultural el independismo catalán

Catalunya tiene un problemón importante entre muchos otros, las voces más centralistas de la península, “su argumento” es el uso político de la lengua propia. No tan lejos hablan del nacionalismo Catalán como enemigo a la unión de España o hay demasiada legislación e intervención. Esto es utilizado para tapar sus vergüenzas.
El problema de la nación Catalana es España.

Cuando un ayuntamiento pone impuestos sobre la propiedad y utiliza el dinero recaudado por asfaltar una calle que acaba siendo utilizado por todos los ciudadanos del pueblo, las familias que tienen más propiedades acaban pagando más dinero que la gente que tienen menos, mientras que acaban disfrutando por igual de la calle asfaltada. De alguna manera, pues, es como si la política del ayuntamiento redistribuyera dinero de las familias que tienen más propiedades a las que tienen menos. Esto es, hasta cierto punto, normal. Los problemas empiezan cuando el ayuntamiento, después de recaudar impuestos de todos los ciudadanos, insiste a gastarse sistemáticamente todo el dinero en un determinado barrio, ya sea porque es el barrio donde vive el alcalde o donde este tiene la mayor parte del electorado. Es entonces cuando una parte de la población tiene derecho a quejarse de un trato fiscal injusto.
Catalunya es un barrio marginal pagando más por tener más propiedades, esto estaría bien si territorios Españoles ganarán más propiedades, y esto no ha sido así.

Esto genera un mayor número de independistas (en auge, esto no representa más votos a ERC), por un trato fiscal injusto y la no paridad de derechos dentro del marco constitucional.
Madrid atrapada dentro de su discurso monotema saca a la palestra la lengua Catalana como el gran problema en Catalunya, se dedican a vender una cantidad de humo que ahora en épocas de destrucción de empleo agitan aún más para tapar sus vergüenzas y el desastre de unir lo imposible.
Hasta la entrada de ERC al Govern los problemas con la lengua propia catalana no existían, la inmersión lingüística hace más de 30 años de su aplicación, la obligatoriedad de los ciudadanos de entender el Catalán o un funcionariado Español titulados con un nivel C, ahora salen a la luz ?

La primera situación es una economía insostenible la otra es un “sistema lingüístico” con aplicación hace más de 30 años mi pregunta es, porque hay más indepentismo?
No es cultural.